Las hojas caídas no son suciedad, son mantillo natural: se descomponen en el suelo, protegen a los insectos en invierno y alimentan las plantas en primavera.
En lugar de recogerlas todas, deja una capa bajo los árboles, en parterres o en un rincón. Ahorrarás tiempo, ayudarás a la fauna y mejorarás la tierra de forma gratuita.
